enero 04, 2010

Siempre odié a las mujeres que hablan sólo de sus hijos,
por eso me odio un poco ahora.
Ella cabe perfecta en mis brazos, son su perfecta cama,
come de mi cuerpo su único alimento,
sólo conmigo calma su llanto,
puede olerme entre la muchedumbre y saber quien soy
No puedo, no quiero, no logro
pensar que un día sólo escucharé su voz en el teléfono
quedarán para siempre perdidos estos días
en los que casi somos un sólo cuerpo.

1 comentario:

Homero dijo...

Hermoso poema. Expresivo y conmovedor.
Homero